Inspección ocular y fotografía forense: la imagen como instrumento en el contexto judicial
- 15 abr
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I. Introducción
La inspección ocular del sitio del suceso constituye una de las diligencias más relevantes dentro de la investigación criminal, porque permite fijar el estado material del lugar, de los objetos y de los indicios vinculados al hecho. En ese contexto, la fotografía forense no cumple una función meramente ilustrativa: su verdadero valor reside en documentar la escena con objetividad, método y fidelidad, preservando visualmente aquello que inevitablemente se altera con el tiempo y con la intervención investigativa. En términos de divulgación técnica especializada, se ha señalado que “las fotografías no constituyen evidencia por sí mismas, sino que proporcionan documentación visual de la escena y de la ubicación de la evidencia dentro de ella” (National Forensic Science Technology Center [NFSTC], s. f., p. 2, traducción del autor)[1].
II. La fotografía forense como lenguaje técnico de la escena
Desde una perspectiva doctrinal, la fotografía forense puede entenderse como un lenguaje técnico de la escena. No solo muestra; también ordena, relaciona y contextualiza. Su finalidad es permitir que terceros ajenos a la diligencia (especialmente fiscales, defensores y jueces) puedan comprender cómo era el sitio, dónde se encontraba cada evidencia y cuál era su relación con el entorno. En esa línea, Moreau (s. f.) sostiene que “la finalidad evidente de la fotografía del sitio del suceso es establecer un registro visual de la escena del crimen y de todas sus características pertinentes” (p. 2, traducción del autor)[2]. Asimismo, agrega que “la mejor expresión del rol de la fotografía puede formularse como la presentación de una historia lógica narrada visualmente por la escena” (Moreau, s. f., p. 2, traducción del autor)[3].
III. Principio de progresión fotográfica: de lo general a lo particular
La técnica exige un criterio básico pero fundamental: avanzar desde lo general hacia lo particular. Primero, fotografías generales de orientación; luego, imágenes medias o de relación; y finalmente, registros de detalle. Esta secuencia evita que la evidencia aparezca aislada de su contexto y fortalece su utilidad pericial y procesal. De hecho, Moreau (s. f.) indica que el objeto fotografiado debe representarse mediante una progresión “de lo general a lo específico” y que ello supone cubrir la escena desde tres puntos de vista principales: “larga distancia, distancia media y acercamiento” (p. 2, traducción del autor)[4].
IV. La fijación fotográfica en sitios abiertos y cerrados
También resulta indispensable distinguir entre sitio del suceso abierto y sitio del suceso cerrado. En el primero, la escena se encuentra más expuesta a contaminación o pérdida de indicios, por lo que el registro debe ser rápido y especialmente atento a las referencias del entorno. En el segundo, la fijación debe concentrarse además en accesos, distribución interna, trayectorias y ubicación relativa de los objetos dentro de un espacio delimitado. En ambos casos, la finalidad sigue siendo la misma: permitir la posterior reconstrucción de la escena. Así, se ha destacado que las fotografías del sitio del suceso “permiten a los investigadores recrear esa escena para su análisis posterior o para su utilización en el tribunal” (NFSTC, s. f., p. 2, traducción del autor)[5].
V. El registro fotográfico como soporte técnico del informe pericial
Por ello, el informe pericial fotográfico adquiere una importancia decisiva. No se trata solo de acompañar imágenes, sino de integrarlas en una estructura técnica que permita explicar qué se registró, desde dónde, con qué propósito y qué relevancia tiene cada fotografía dentro del conjunto. Moreau (s. f.) subraya, además, que “la técnica común utilizada para este propósito es el mantenimiento de un registro fotográfico” y que dicho registro “es un expediente completo de las operaciones fotográficas realizadas en el sitio del suceso” (p. 6, traducción del autor)[6]. Ello demuestra que la fotografía forense no se agota en la imagen, sino que exige trazabilidad, orden y método.
VI. Conclusión
En definitiva, la fotografía forense no solo fija la escena: la traduce. Y en esa traducción cumple una función esencial para la justicia, porque permite contextualizar al magistrado y acercarlo, con rigor técnico, a una realidad material que ya no puede observar directamente. Cuando el registro fotográfico es serio, secuencial y técnicamente explicado, deja de ser un simple anexo visual y pasa a constituir un verdadero instrumento de inteligibilidad probatoria.
Referencias
National Forensic Science Technology Center. (s. f.). A simplified guide to crime scene photography. Forensic Science Simplified.
Moreau, D. M. (s. f.). Fundamental principles and theory of crime scene photography. Forensic Science Training Unit, FBI Academy.
Moreau, D. M. (s. f.). Fundamental principles and theory of crime scene photography. Forensic Science Training Unit, FBI Academy.
Moreau, D. M. (s. f.). Fundamental principles and theory of crime scene photography. Forensic Science Training Unit, FBI Academy.
National Forensic Science Technology Center. (s. f.). A simplified guide to crime scene photography. Forensic Science Simplified.
Moreau, D. M. (s. f.). Fundamental principles and theory of crime scene photography. Forensic Science Training Unit, FBI Academy.
Fernando Venegas Padilla
Abogado
Perito Fotógrafo
Santiago, Chile.
abril, 2026.





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